Viene de: El sushi de “la china”
Cuando me desperecé miré el móvil, tenía varios whatsapp, uno de Sandra. Era una foto de ella disfrazada con unas niñas. El texto decía: “Noche de Halloween con mis sobrinas. ¿Tú hiciste algo especial? Al final no pude conectarme”. Contesté diciendo: “No, nada especial, lo de siempre, follar 😜” Ya tendría tiempo de explicarle la que había montado con Pareja10100 y su amiga Olga.
Ellos tres seguían durmiendo todavía. Me levanté y fui al baño. Procuré no hacer ruido pero vi que también se iban despertando, así que pedí que nos subiesen el desayuno a la habitación. Cruasanes, huevos revueltos, fruta, zumo de naranja y mucho café. Lo trajeron mientras me duchaba con Azucena. Miré y los dos albornoces estaban colgados en el baño. No sé quién abrió ni cómo lo hizo, porque el revoltijo de ropa que había en la habitación era considerable.
Después de desayunar ordenamos un poco el cuarto y pusimos las camas en su sitio. Vestirse fue un poco complicado. Encontrar la ropa. Yo tenía la mía en la bolsa de viaje pero ellos habían venido con lo puesto y ahora, misteriosamente, las bragas de las chicas no aparecían. Después de la que habíamos montado anoche no era raro. Bueno y también porque yo las había escondido debajo de un colchón. Esas dos se iban a casa sin bragas como que me llamo Alberto y soy fetichista.
Aún sabiendo que el culpable era yo, al final se dieron por vencidas y se pusieron el resto de la ropa. Me quedé terminando de recoger mis cosas y bajé a liquidar la cuenta del hotel. Antes de que me dijesen nada les advertí que la segunda noche había empleado las dos camas. La recepcionista me dijo “No se preocupe” con una mirada pícara. Eso no me lo cobró, pero con la cuenta del servicio de habitaciones y la del minibar creo que lo compensaron.
Poco después de las doce Azucena y Olga vinieron a buscarme con el coche. Me senté en la parte de atrás del Focus y fuimos bromeando hasta Madrid. Aun siendo puente no había mucha circulación, bueno sí, había mucha pero en sentido contrario. Nosotros teníamos nuestro lado de la autopista prácticamente despejado. Les indiqué el camino a mi casa y dejamos el coche en mi plaza de parking.
Abrieron los trolleys que llevaban y dejaron la ropa en la habitación que había dos camas. Con eso de ir al teatro habían traído muchas cosas. Comimos compartiendo un enorme cachopo y unas tapas en restaurante El Molinón, en el Paseo de la Florida, disfrutando de unas estupendas vistas de la Casa de Campo y Madrid Río, luego subimos a descansar un rato en casa. Era festivo y la función de El Rey León empezaba a las 18:00. El sofá del salón se convertía en una cama grande con respaldo, aunque era mucho más divertido utilizarlo como una gran “chaise longue”. Allí nos acomodamos hasta que se empezaron a arreglar. Estábamos a cinco minutos de la Gran Vía, así que teníamos tiempo. Cuando salieron, con sus elegantes vestidos y perfectamente maquilladas sólo pensé en lo que iba a disfrutar esa noche quitándoselos.
